Autora: Dunia Arrocha Hernández
Propiedad: Ayuntamiento de Teguise
Yo recorrí desenredando
el despiece de tu alma,
y entré en tus ruinas
donde las calles muertas
hacían heridas en mi corazón.
Y allí me quedé,
desenterrando recuerdos,
donde el blanco, el azul y el verde
era nuestro ser y estar.
Pero la vida también habla
y sabe partir horas,
y levantó mares de agua helada
y muros de polvo
para saber si volvías a vivir fuerte,
cuando te hacía morir débil.
Y volvió a vivirte la soledad,
volvió a vivirte el miedo.
Se levantó el huracán de la desesperanza
y caíste, de nuevo, al vacío.
Ya tu mirada no me mira.
Tu existencia está encadenada
a un cuerpo con certero destino.
El viejo "amigo" te envía a mendigar,
para que atrevieses desiertos
con pies descalzos y sonrisa victoriosa.
Ya nada te pertenece,
ni el amanecer de cada día,
ni el deseo de marcharte o quedarte,
ni lo sencillo del respirar.
Ya nada te pertenece.
Y yo que por ti pisé
todas las espinas de la tierra.
Hice caer los vientos
en la calma de las mareas.
Rompí mi voz a gritos
para que no te dejases ir...
Pero no pudo ser.
¡Maldigo al polvo que se anudó
a tus entrañas!,
para latir astilla en mi corazón,
mientras era jugo en tus venas.
Dime ahora,
antes que tus lágrimas
olviden nuestro ser,
antes que te abandones
a ese vuelo loco, y te arrastre
al engañoso baile de la dicha infinita.
¡Dime ahora tu nombre!.
¡Dime ahora mi nombre!.
Y yo me dejaré ir
cansada y temblorosa,
queriéndome salir de este dolor
y desear regresarme al vientre que nos guardó,
vestidos con dulce canto.
Mientras,
se vuelve a burlar de ti
el caballo de blanca arena.
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